El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, ha confirmado oficialmente la apertura de negociaciones directas con el gobierno de Donald Trump para abordar las profundas “diferencias bilaterales” entre ambas naciones. En una intervención ante las máximas autoridades del Partido Comunista y del Consejo de Ministros, el mandatario explicó que el objetivo es encontrar “soluciones por la vía del diálogo” tras años de estancamiento y confrontación.
El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, encabeza una delegación que busca el fin del bloqueo petrolero tras la caída de Maduro y la asfixia de la red eléctrica nacional
El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, ha confirmado oficialmente la apertura de negociaciones directas con el gobierno de Donald Trump para abordar las profundas “diferencias bilaterales” entre ambas naciones. En una intervención ante las máximas autoridades del Partido Comunista y del Consejo de Ministros, el mandatario explicó que el objetivo es encontrar “soluciones por la vía del diálogo” tras años de estancamiento y confrontación.
Este acercamiento se produce en un momento crítico para la isla, marcado por una inestabilidad severa de la red eléctrica nacional. El presidente reconoció que el descenso de las reservas de diésel y fueloil durante los últimos tres meses ha llevado al sistema al borde del colapso, provocando apagones frecuentes que afectan gravemente tanto a la población como a la industria.
Los suministros de la isla quedaron cortados tras la captura de Maduro
La asfixia económica se ha intensificado tras la imposición de un bloqueo petrolero por parte de Estados Unidos. Tras la captura del principal benefactor de la isla, Nicolás Maduro, Washington cortó los suministros venezolanos y amenazó con sanciones a cualquier tercer país que intentara vender crudo a Cuba, dejando a La Habana sin su principal fuente de energía.
Ante este aislamiento, el Gobierno ha anunciado un plan de emergencia para incrementar la producción nacional de crudo pesado y gas. Aunque el petróleo extraído en la isla es de difícil refinamiento debido a su alta densidad, se ha convertido en el último recurso de las autoridades para alimentar las centrales termoeléctricas y evitar un apagón total permanente.
El Vaticano ha mediado en la liberación de 51 prisioneros
Como preludio a estas conversaciones, Díaz-Canel anunció la liberación de 51 prisioneros bajo la mediación del Vaticano. La Santa Sede, que ya fue clave en el deshielo de la era de Barack Obama, vuelve a actuar como puente diplomático para facilitar gestos que permitan avanzar en una agenda de negociación más amplia.
Díaz-Canel reveló que él mismo encabeza la delegación cubana, apoyado por el expresidente Raúl Castro, quien a sus 94 años mantiene un papel estratégico en las decisiones de Estado. También destaca la presencia de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl, lo que confirma que las conversaciones involucran al núcleo más alto del poder en la isla.
Trump no descarta hacerse con el control de la isla por la fuerza
Por su parte, el presidente Donald Trump ha mantenido un discurso ambivalente. Aunque confirmó que los contactos de alto nivel se suceden desde hace semanas, ha descrito la situación de Cuba como de “extrema debilidad” y ha sugerido que el futuro de la isla podría pasar por una “toma de control”, ya sea de forma amistosa o no.
A pesar de la urgencia, el liderazgo cubano ha advertido que el proceso se encuentra en fases iniciales. Díaz-Canel subrayó que se trata de un camino “muy sensible” que requiere esfuerzos sostenidos para crear espacios de entendimiento. El mandatario mencionó que ciertos “factores internacionales” han facilitado los intercambios, sugiriendo que otras potencias regionales podrían estar mediando para evitar una crisis migratoria masiva hacia las costas de Florida.
Díaz-Canel llama a la “igualdad y el respeto” durante las conversaciones
El jefe de Estado cubano ha dejado clara su voluntad de llevar a cabo este proceso sobre la base de la “igualdad y el respeto a los sistemas políticos”. Mientras La Habana busca un alivio económico sin renunciar a su modelo de Estado, la administración Trump parece apostar por una presión máxima que fuerce cambios estructurales en el sistema comunista.
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