Ahora es Javier Ortega Smith quien, como Espinosa de los Monteros o Macarena Olona, tras estar en primera línea en Vox, ha sido apartado. Mientras Espinosa, Olona y tantos otros se fueron —digamos voluntariamente— tras ser ninguneados, Ortega está dando batalla y formalmente ya ha sido expulsado del partido al negarse a acatar su cese como portavoz en el ayuntamiento de Madrid. Por el mismo camino va José Ángel Antelo, líder de Vox en Murcia.
Ahora es Javier Ortega Smith quien, como Espinosa de los Monteros o Macarena Olona, tras estar en primera línea en Vox, ha sido apartado. Mientras Espinosa, Olona y tantos otros se fueron —digamos voluntariamente— tras ser ninguneados, Ortega está dando batalla y formalmente ya ha sido expulsado del partido al negarse a acatar su cese como portavoz en el ayuntamiento de Madrid. Por el mismo camino va José Ángel Antelo, líder de Vox en Murcia. Seguir leyendo…
Ahora es Javier Ortega Smith quien, como Espinosa de los Monteros o Macarena Olona, tras estar en primera línea en Vox, ha sido apartado. Mientras Espinosa, Olona y tantos otros se fueron —digamos voluntariamente— tras ser ninguneados, Ortega está dando batalla y formalmente ya ha sido expulsado del partido al negarse a acatar su cese como portavoz en el ayuntamiento de Madrid. Por el mismo camino va José Ángel Antelo, líder de Vox en Murcia.
Pero, a diferencia de tantos otros que dieron la batalla por perdida, Ortega, desde la autoridad moral de ser el fundador del partido y quien, gracias a ejercer la acusación ante el independentismo que culminó en su papel en el juicio del Supremo, dio al partido la cuota de telediario que lo sacó de la irrelevancia, se ha negado a acatar su destitución y continúa con su escaño en el Congreso y en el Ayuntamiento de Madrid, donde otros dos concejales le apoyan.
Ortega hizo el servicio militar en la COE 13, los boinas verdes, donde forjó amistad con diversos compañeros que le acompañarán después, tanto en la Fundación Denaes como en Vox. Entre estos boinas verdes destacan Ignacio Ansaldo, entonces propietario de una empresa de jardinería, Julio Utrilla, directivo de una empresa de seguridad, y Gonzalo Padrón, directivo de una inmobiliaria. Había quienes se referían a ellos como “los jardineros”. Y se decía que de su trabajo, por ejemplo de servicios de vigilancia en urbanizaciones, aportaron fondos para Denaes y para la creación de Vox.
Incluso los partidos ubicados en la extrema derecha necesitan un funcionamiento democrático para evitar convertirse en una secta
Cuando en noviembre de 2013 Abascal, Ortega Smith y Vidal Quadras acuerdan crear Vox con vistas a presentarse a las elecciones europeas de 2014, para evitar que el gobierno de Mariano Rajoy intentase retardar su inscripción demorando los trámites para que no llegara a tiempo a dichos comicios si descubrían que Vox era la marca de disidentes del PP, Ortega encomendó a Ansaldo, Utrilla y Padrón ser quienes formalizaran el acta notarial de fundación del partido que se remitió al Registro de Partido del Ministerio del Interior, que dio por legalizada la formación el 17 de diciembre de 2013, constando Ansaldo como presidente de Vox. Y Ansaldo, ahora concejal de Vox en Madrid, se mantiene fiel a Ortega junto con la también concejal Carla Toscano.

Hace dos meses Ortega acudió a un acto de la Fundación Atenea presidida por Espinosa de los Monteros, y algo que fue considerado por Abascal como un agravio. Puede ser una paradoja, pero incluso los partidos ubicados en el populismo y la extrema derecha necesitan para funcionar y que sus cargos públicos puedan ejercer sus responsabilidades un funcionamiento democrático y unos órganos transparentes de toma de decisiones para evitar que el partido se convierta en algo parecido a una secta.
Vox afirmaba en su manifiesto fundacional que sus cargos orgánicos y las personas que debían encabezar las candidaturas electorales debían ser “elegidas por sufragio universal secreto, acabando así con las listas cerradas elaboradas por la cúpula a espaldas de los afiliados”. Pero después cambió sus estatutos eliminando las primarias para elegir candidatos a las elecciones y también suprimió las votaciones para designar a los presidentes provinciales, siendo ahora todos designados por el Comité de Acción Política formado por cuatro o cinco personas en nombre de la Ejecutiva Nacional.
Ignorándose los estatutos, Vox ha pasado de tener un secretario general y tres vicepresidentes a designar a Ignacio Garriga, que vive en Barcelona y tiene el escaño en el Parlament, como secretario general y vicepresidente único. En las últimas asambleas del partido en que se ha renovado el cargo de presidente a Abascal, nadie le ha votado, ya que se modificaron los estatutos exigiendo que quien se postule debe conseguir un número de avales telemáticos imposibles de conseguir para alguien ajeno a la dirección. Y si solo hay un candidato, que siempre es Abascal, queda proclamado automáticamente.
Ahora muchos de los que se marcharon de Vox recuerdan que era el mismo Ortega Smith u otro ex boina verde compañero suyo, el Vicesecretario de Organización, Tomás Fernández Ríos, quien remitía los mails comunicando que habían sido cesados. Por ello, la cosa no va de pugna entre ultraliberales y ex falangistas; va de si Vox es un partido con democracia interna o una organización piramidal y de culto al líder. Ortega Smith de su época de boina verde solía recordar algo que les decía su instructor: que en combate hay que prepararse para resistir, ya que todo es susceptible de empeorar Veremos hasta dónde y cómo está dispuesto a resistir quien fundó el partido.
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