Donald Trump insistió ayer en su agrio tono contra Pedro Sánchez: “España es una perdedora”, clamó el inquilino de la Casa Blanca. Pero el jefe del Ejecutivo español no solo mantiene el pulso, sino que está convencido de que algo se está moviendo, lo que a su vez impulsa las admoniciones del presidente norteamericano.
La Moncloa cree que su no a la guerra gana terreno entre los líderes comunitarios
Donald Trump insistió ayer en su agrio tono contra Pedro Sánchez: “España es una perdedora”, clamó el inquilino de la Casa Blanca. Pero el jefe del Ejecutivo español no solo mantiene el pulso, sino que está convencido de que algo se está moviendo, lo que a su vez impulsa las admoniciones del presidente norteamericano.
Apenas una semana después de que EE.UU. e Israel atacaran Irán, y de que la reacción del régimen de los alatoyás extendiera el conflicto a toda la región y más allá –hasta suelo europeo, en Chipre, y territorio OTAN, en Turquía–, la amenaza de que el conflicto desemboque en una guerra total y prolongada, abocando a una crisis energética y económica global, estaría empezando a operar un atisbo de cohesión política, otra cosa es la espiral bélica.
Al menos, así lo analizan en el Gabinete de Sánchez, el líder europeo más explícito en exigir a EE.UU. que pare su ofensiva, pese a desatar las iras de Trump, que amenaza con represalias a España.
La única explicación que encuentran en la Moncloa a la afirmación de la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, que el miércoles aseguró que España había cambiado de posición para “cooperar” en el despliegue militar –lo que fue de desmentido “tajantemente” por el ministro de Exteriores, José Manuel Albares–, es que a Washington le preocupara, más de lo que ellos pensaban, el impulso de “la ola del no a la guerra” que esgrimió Sánchez apenas unas horas antes.
El Gobierno piensa que el apoyo ciudadano “amplio y transversal” contra la guerra es compartido en Europa
El rechazo social a la guerra, explican en la Moncloa, es muy amplio y transversal no solo en España sino en toda Europa y en el resto del mundo. Y recuerdan las masivas protestas ciudadanas que provocó la guerra de Irak en el 2003. Una imagen de movilizaciones sociales que están seguros de que ni Trump ni el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, quieren que se repitan, ahora, ante el conflicto en Irán.
Y que también explicaría, a juicio del Gobierno, los últimos movimientos del francés Emmanuel Macron, la italiana Giorgia Meloni o el británico Keir Starmer, además de los responsables de la UE, Ursula von der Leyen y António Costa.
El mensaje que Sánchez está trasladando a muchos de sus homólogos europeos e internacionales –con poderosas sintonías, como la del brasileño Luiz Inácio Lula da Silva– es que aún se está a tiempo de reconducir el conflicto por vías políticas y diplomáticas, antes de que escale a un punto de no retorno. En la Moncloa aseguran que este mensaje está calando, ante la alternativa de una guerra total.
Y la posición de Sánchez está logrando amplia repercusión. El británico Financial Times retrataba ayer al líder socialista como la “némesis” de Trump: “Es el único que se enfrenta al presidente estadounidense”.
Pese a la enorme incerteza, el presidente cree que hay que hallar el camino para reconducir el conflicto
El mandatario español está equilibrando su rechazo al ataque de EE.UU. con su apoyo a la defensa de la UE y su implicación en las misiones de la OTAN. El secretario general de la Alianza Atlántica, Mark Rutte, en un pronunciamiento muy significativo elogió ayer explícitamente el despliegue de España en todas las misiones de la OTAN.
Frente a la rotunda negativa de apoyar el ataque de EE.UU. e Israel a Irán, impidiendo el uso de las bases españolas de Rota (Cádiz) y Morón de la Frontera (Sevilla), el Gobierno mostró “su compromiso” con la defensa de la UE y su frontera oriental con dos episodios de calado. “Porque lo primero”, sostienen fuentes ministeriales, “no es incompatible con lo segundo”.
La titular de Defensa, Margarita Robles, reconoció por un lado que los militares españoles desplegados en Turquía, bajo bandera de la OTAN, monitorizaron el misil iraní que se dirigía al país, y dieron “información” clave para su derribo. Aunque la batería Patriot que aporta España a la arquitectura de defensa del flanco este de la Alianza Atlántica no disparó.
Defensa, por otra parte, anunció el envío a Chipre de la fragata Cristóbal Colón , con unos 200 marinos, en compañía del portaviones francés Charles de Gaulle y otros dos navíos griegos. La fragata más moderna de la Armada se incorporó el 3 de marzo a los ejercicios Fanal-19, unas maniobras de gran escala organizadas por la Marina francesa, para realizar labores de escolta, protección y adiestramiento avanzado en el Báltico.
Feijóo rebate al presidente: “Sánchez miente, dice no a la guerra y manda una fragata a la guerra”
También saldrá en breve al mar el buque de aprovisionamiento Cantabria , para suministrar combustible y prestar apoyo logístico al grupo naval cuando pase por el Golfo de Cádiz. La previsión es que el operativo naval llegue a las costas de Creta hacia el 10 de marzo. Allí ofrecerá protección y defensa aérea a Chipre, complementando a la bateria Patriot en suelo turco. Además, estará lista para prestar apoyo a cualquier evacuación de personal civil que pudiera resultar afectado por el conflicto.
La sintonía política que en la Moncloa aseguran que Sánchez está encontrando más allá de España, no la halla en cambio en el principal partido de la oposición. Alberto Núñez Feijóo rebatió ayer el “no a la guerra” del presidente. “Como siempre, Sánchez miente”, advirtió.
“Dice no a la guerra al mismo tiempo que manda una fragata de guerra a la guerra, y polemiza con Trump en público el mismo día que se acerca a su embajador en privado”, criticó el líder del PP. Dio pábulo así a que Margarita Robles trasladó el miércoles al nuevo embajador de EE.UU. en Madrid, Benjamin León, su apoyo a Trump. La Moncloa desmintió “categóricamente” lo que consideró una “manipulación interesada”.
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